Mientras la Cuarta Transformación en Puebla, encabezada por el gobernador electo Alejandro Armenta y respaldada por la presidenta Claudia Sheinbaum, avanza hacia la pacificación y la gobernabilidad, una facción disidente dentro del movimiento parece haber elegido el camino de la desestabilización.
Fuentes de inteligencia política y análisis de campo confirman lo que era un secreto a voces en los corrillos del poder: Ignacio Mier Velazco y su estructura operativa han tejido una “alianza de facto” con los grupos de poder fáctico del Triángulo Rojo, históricamente ligados al PSI y al clan de Quecholac.
LA EVIDENCIA DEL PACTO
La coincidencia no es casualidad. Durante los recientes bloqueos en la autopista Puebla-Orizaba —orquestados por grupos de choque vinculados a Antonio Valente Martínez Fuentes—, operadores políticos identificados con el “mierismo” fueron detectados intentando capitalizar el caos. ¿El objetivo? Generar una percepción de ingobernabilidad para debilitar la entrada de la nueva administración estatal.
EL JUEGO SUCIO
La estrategia es clara y peligrosa: al perder la candidatura al gobierno estatal, el grupo de Mier busca trincheras de poder a cualquier costo, incluso si eso significa brindar oxígeno político a personajes como Nadia Navarro y a estructuras que la Federación tiene en la mira por sus vínculos con la ilegalidad.
LA PREGUNTA INCÓMODA
¿Sabe la Doctora Sheinbaum que uno de sus legisladores está operando con la misma estructura que la Fiscalía General de la República investiga? La traición a los principios de “No Mentir, No Robar y No Traicionar” nunca había sido tan evidente.
Quien se alía con los enemigos de la paz en Puebla, se convierte en un enemigo del Estado. Y en política, las facturas se cobran caro.














