En 60 segundos
Once horas en un estacionamiento vigilado y nadie tuvo motivo para acercarse. La historia de un funcionario que sostuvo expedientes difíciles durante una d…
El jueves fue, para Rubén Alberto Curiel Tejeda, un día de trabajo como cualquier otro. Por la noche volvió a su oficina en el Centro Integral de Servicios, recogió algunas cosas y bajó al estacionamiento. Quien lo vio ese día no vio a un hombre despidiéndose.
Nadie notó nada. El auto se quedó ahí, en un cajón que todos los días ocupa el mismo coche del mismo funcionario. Un vehículo estacionado a las once de la noche no es una señal de alarma. A las tres de la mañana tampoco. Ese es, en el fondo, el dato más duro de esta historia: durante horas nadie tuvo motivo para acercarse.
La mañana siguiente
Fue hasta la mañana del viernes, alrededor de las nueve, cuando sus propios compañeros —los que comparten esa zona de estacionamiento— repararon en que el vehículo seguía ahí. Se acercaron. Y encontraron a Curiel sin vida.
Lo que siguió fue previsible y fue injusto. Antes de que hubiera una sola línea oficial, las redes ya habían escrito tres versiones distintas: el ajuste de cuentas, el mensaje a la Secretaría, el expediente incómodo. Un funcionario de anticorrupción muerto en su coche es, para cierta forma de contar las cosas, una invitación irresistible.
Lo que sí se sabe
Conviene decirlo con todas sus letras, porque es lo único que detiene una mentira. El disparo salió de dentro del vehículo. El arma estaba en su mano. Nadie forzó nada, nadie se llevó nada, no hubo un tercero. La Fiscalía lo investiga como muerte autoinfligida y no como homicidio. Y la viuda lo dijo con su nombre y su dolor a la vista antes de que la autoridad hablara.
Vale la pena detenerse en quién era. Curiel fue Fiscal Anticorrupción del estado: el cargo consiste en investigar a gente poderosa, sostener expedientes que incomodan y aguantar la presión que viene con eso, sin red y sin mucho reconocimiento. Más de una década en ese tipo de trabajo.
Nadie sabe por qué, y quien diga lo contrario a cuarenta y ocho horas del hecho está inventando. Lo que sí sabemos es que un hombre que llevaba años sosteniendo expedientes difíciles pasó su última noche solo, a metros de su oficina, y que ninguna de las estructuras que lo rodeaban estaba diseñada para notarlo. Esa es la conversación que sí corresponde tener.
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Con información de: elfinanciero.com.mx, milenio.com, puebla.quadratin.com.mx.











