En estos últimos días en Puebla se ha presentado caso de un hombre proveniente de Rumania que asegura sana a las personas con sus manos, o como dicen los visitantes, con su energía y hacerles los milagros.
Este tipo de hombre y mujeres que aseguran “sanar” con el poder de sus manos es común en diferentes partes del pías, y que hoy lo podemos ver en las calles de la capital poblana con las largas filas de personas que esperan ser aliviados por “el Rumano”.
Un país devoto de lo imposible
México es tierra de símbolos, de devociones arraigadas y de historias milagrosas que cruzan generaciones. Desde la aparición de la Virgen de Guadalupe hasta los testimonios en peregrinaciones, millones de personas mantienen viva una fe ciega en los milagros, esperando que lo divino intervenga en lo cotidiano.
Las calles están llenas de altares improvisados, estampas pegadas en postes, veladoras encendidas y cartas con promesas. En pueblos y ciudades, la gente no duda en encomendarse a santos y vírgenes para curarse de una enfermedad, encontrar trabajo o salvar un ser querido.

Promesas, milagros y cultura popular
Esta fe no solo vive en iglesias. También habita en el lenguaje popular: “primero Dios”, “que sea lo que Dios quiera” o “un milagrito no estaría mal”. Para muchos mexicanos, la esperanza en lo sobrenatural es tan real como la vida misma. El culto a San Judas Tadeo, la Virgen del Carmen, el Niño Fidencio o incluso figuras como la Santa Muerte, forman parte de una red de creencias donde los milagros no son una excepción, sino una posibilidad cotidiana.
Las peregrinaciones masivas, los exvotos pintados con agradecimientos y los testimonios orales muestran una dimensión profundamente humana: la necesidad de creer que algo más grande puede cambiar el destino.
Fe que sobrevive al tiempo
Aunque la ciencia avanza y el mundo parece cada vez más racional, en México la fe ciega en los milagros no solo sobrevive, sino que se fortalece. Los milagros son también un acto de resistencia emocional, una forma de mantener la esperanza frente a la incertidumbre.
Creer en milagros no es solo una cuestión religiosa. Es también cultural, histórica y social. Es una forma de ver el mundo donde lo espiritual aún tiene lugar, y donde lo imposible puede suceder.


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PM:)














