Mientras el mundo sigue girando al ritmo de los gigantes económicos y los corredores comerciales globales se trazan desde oficinas en Washington, Shanghái o Bruselas, México, desde sus entrañas, ha comenzado a escribir su propia ruta histórica de soberanía y dignidad: el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec.
Durante décadas, el Canal de Panamá fue la única puerta entre dos océanos. Una vía marítima estratégica, codiciada por imperios, custodiada por tratados y utilizada por quienes dictan las reglas del comercio mundial. Pero hoy, en pleno siglo XXI, desde el corazón del sureste mexicano, nace una alternativa: el tren que une al Atlántico y al Pacífico por tierra firme, por territorio nacional, por voluntad popular.
Este no es un proyecto más de infraestructura. Es la resurrección del sueño interoceánico del porfiriato, convertido hoy en una herramienta de justicia social y desarrollo regional. El pueblo del Istmo, históricamente marginado, hoy es el epicentro de la nueva conectividad latinoamericana.
Mientras Panamá enfrenta crisis de operación, restricciones hídricas y dependencia extranjera, México demuestra que puede ofrecer una vía logística sólida, sustentable y bajo control nacional. Hyundai ya puso a prueba el recorrido: el 27 de marzo de 2025, 600 vehículos llegaron en el buque Glovis Cosmos al puerto de Salina Cruz y recorrieron más de 300 kilómetros por ferrocarril hasta Coatzacoalcos, Veracruz.
Lo que empezó como un sueño ferroviario, ahora ruge sobre rieles mexicanos.
La apuesta es enorme: competir con uno de los corredores más importantes del planeta. Pero más grande aún es el mensaje: México ya no solo exporta mano de obra o materias primas, ahora también exporta estrategia, inteligencia y soberanía logística.
El presidente López Obrador lo entendió desde el primer día: no podemos ser libres si no controlamos nuestras rutas, nuestros recursos y nuestros puertos. Y frente al regreso de discursos xenófobos y amenazas de aranceles de personajes como Donald Trump, el Corredor Interoceánico emerge como una respuesta geopolítica con visión de Estado.
La Línea Z, que conecta los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos, no es solo un proyecto logístico. Es una arteria nacional que se alinea con el gran objetivo de la Cuarta Transformación: reducir la dependencia estructural del norte y abrir nuevas rutas hacia el sur global.
Hoy, México no solo conecta mercancías. Conecta dignidad, conecta regiones, conecta futuro.
Y lo hace desde abajo, desde el sur profundo, con manos obreras, visión nacionalista y una convicción que ya no se esconde.
¡El Canal de Panamá dejó de ser la única opción para cruzar América! ¡México traza su propio destino! Desde Salina Cruz hasta Coatzacoalcos, México avanza con rieles firmes, pueblos dignos y dirección soberana.
La Cuarta Transformación también se mide en kilómetros de vía, en carga nacional, en sueños interoceánicos.
Esto es historia.
Esto es México.
Esto es soberanía.